Fuerza Stereo: cuando una canción se convierte en memoria
Hay bandas cuya música no necesita presentación. Alcanza con que suene una guitarra, un bajo o determinada voz para que aparezcan recuerdos, lugares, épocas. Con Soda Stereo ocurre algo de eso: sus canciones forman parte de una memoria colectiva y, por eso mismo, cualquier intento de llevarlas nuevamente a un escenario tiene una dificultad particular. No alcanza con tocar los temas. Hay que encontrar qué permanece vivo en ellos.
Fuerza Stereo nació hace poco más de tres años, a partir de músicos que ya venían transitando otros proyectos vinculados con la obra de Soda y Gustavo Cerati. La coincidencia, dicen, fue sencilla: la admiración por esa música y las ganas de compartirla.
“Nos juntamos por la pasión que tenemos por la música de Gustavo y de Soda Stereo”, cuentan Charly Pecorelli, baterista, y Matías Nicola, bajista. Desde entonces, el proyecto creció hasta superar los 260 shows y ahora encara una nueva etapa con una gira de teatros por distintas ciudades del interior.
Pero detrás de esa cantidad de escenarios hay un tema que sigue siendo el mismo desde el comienzo: cómo reproducir un sonido que millones de personas reconocen en segundos.
“Reproducir el audio y el clima de Soda es muy difícil”, reconocen. No lo presentan como una tarea resuelta, sino como un trabajo cotidiano. “Es algo que hacemos todos los días.”
Ahí aparece uno de los elementos más particulares de Fuerza Stereo: la voz de su cantante, naturalmente cercana a la de Cerati, funciona como un punto de partida especialmente reconocible. Pero la semejanza vocal, por sí sola, no alcanza. El homenaje se construye también desde las guitarras, el bajo, la batería, los arreglos y esas pequeñas texturas que terminan de formar el sonido.
Y tampoco hay una única Soda Stereo a la que regresar.
Muchas de las versiones parten de la etapa de Me Verás Volver, porque aquella reunión de 2007 quedó instalada en el imaginario de buena parte del público. Pero el grupo también toma elementos de otras etapas y, dentro de ese intento de fidelidad, se permite dejar una pequeña marca propia.
“Tratamos de aferrarnos al sonido original, a las guitarras, al audio, pero también le ponemos un poquito de nuestra identidad.”
Esa frase quizás condense una de las tensiones centrales de cualquier tributo: cuánto hay que parecerse y cuánto hay que ser uno mismo. Copiar exactamente puede convertir la interpretación en una reproducción mecánica; alejarse demasiado puede hacer que desaparezca aquello que el público vino a buscar. Fuerza Stereo parece moverse en ese espacio intermedio.
En vivo, esa búsqueda encuentra algunos de sus momentos más fuertes en canciones que ya pertenecen al territorio de lo colectivo. Persiana Americana, Sobredosis de TV, Prófugos y, especialmente, De Música Ligera funcionan como puntos de encuentro. Son esos momentos en los que el público deja de ser espectador para convertirse en parte del espectáculo.
“Cuando llegan esos temas, la gente libera toda la energía. Se genera una comunión muy fuerte entre el escenario y el público”, cuentan.
No sorprende, entonces, que De Música Ligera aparezca muchas veces cerca del final. Hay canciones que ya no necesitan ser explicadas: simplemente se reconocen.
Pero si los grandes éxitos son los que provocan la explosión colectiva, hay otras canciones que muestran una dimensión diferente del homenaje. Ciudad de la Furia, por ejemplo, ocupa para ellos un lugar especial: “Es un pico del show”, dicen.
Y Dínamo aparece como una reivindicación de una etapa menos inmediata para el público, pero fundamental para entender la amplitud artística de Soda. “Es un disco que tiene mucho trabajo de audio, mucha experimentación, melodías muy lindas y definidas. Tiene un sonido medio roto, pero hermoso, con esas capas de guitarra más oscuras.”
Elegir Dínamo también implica recordar que Soda Stereo no fue solamente una colección de hits. Hubo búsqueda, riesgo, cambios de sonido. Hubo una banda que también se permitió incomodar un poco las expectativas de su propio público.
Y después están las canciones que no necesitan volumen para generar emoción.
Zona de Promesas y Té para Tres aparecen entre las más pedidas. Sobre todo esta última, que conserva una carga emocional particular por la historia que atraviesa su composición. En esas canciones, el homenaje cambia de naturaleza: ya no se trata solamente de reproducir un sonido conocido, sino de recuperar algo de la intimidad que quedó atrapada en esas letras.
Quizás ahí esté la diferencia entre tocar canciones de Soda Stereo y construir un espectáculo alrededor de ellas.
Fuerza Stereo no puede ser Soda Stereo. Tampoco parece ser ese el objetivo. La intención está más cerca de construir un puente: tomar canciones que ya tienen una historia propia y devolverlas, por un rato, a un escenario, frente a personas que llegan con sus propias historias.
“Sentimos que estamos logrando el espíritu de la banda por la respuesta de la gente.” Es una afirmación que, en definitiva, no pueden comprobar los músicos desde el escenario. La última palabra la tiene el público. La reacción, los coros, los silencios, las canciones que alguien pide, la emoción que aparece en determinados momentos: todo aquello que no puede ensayarse.
Porque un tributo puede trabajar durante meses sobre un sonido, una guitarra o una voz. Lo que no puede fabricar es la memoria.
Y cuando una canción empieza a sonar y, por unos minutos, alguien vuelve a una época, a una persona, a un recital o simplemente a una versión anterior de sí mismo, el pasado deja de ser completamente pasado.
Quizás ese sea el verdadero viaje de Fuerza Stereo: no volver literalmente a Soda Stereo, algo imposible, sino acercarse lo suficiente como para recordar por qué esas canciones todavía siguen ahí.










