DOCTORADO HONORIS CAUSA DE LA UNLP A LOS SOBREVIVIENTES DE LA NOCHE DE LOS LÁPICES.
Este miércoles habrá un acto en el Pozo de Banfield, donde Pablo Díaz vio con vida por última vez a los chicos de la Noche de los Lápices. Habrá marchas en La Plata, en la Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país.
En la tarde del martes, la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) distinguió con el doctorado honoris causa a las chicas y los chicos desaparecidos por haber sido “estudiantes secundarios comprometidos con las luchas de su tiempo” y a los sobrevivientes por sus “aportes fundamentales al proceso de Memoria, Verdad y Justicia”.
Guadalupe Godoy, en su doble calidad de abogada en los juicios e integrante de la UNLP, resume el objetivo del reconocimiento. “Este honoris es una reivindicación a las luchas estudiantiles de ayer y de hoy, y del largo camino de Memoria, Verdad y Justicia recorrido por familiares y sobrevivientes”.
Los reconocimientos de los chicos fueron recibidos por familiares y amigos. Marta Ungaro, hermana de Horacio, subió con el guardapolvos que él estaba pintando para usar en los festejos del Día del Estudiante.
A su turno, Pablo Díaz optó por agradecer. Se acordó de los aportes de Gerardo Taratuto en la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep) y de Mabel Colalongo en la Fiscalía del Juicio a las Juntas para que se conociera lo que había pasado en la Noche de los Lápices. Habló también de la primera marcha, que se hizo en 1985, después de que se exhibiera un audiovisual sobre la historia de los pibes y las pibas en el Bachillerato de Bellas Artes. “Espero que sigamos juntos cuando se cumplan los 51 años”, dijo.
Emilce Moler, docente universitaria, subió con un cartel que reclamaba que el Gobierno cumpla con la ley de financiamiento. “Cuando estaba en el Pozo de Arana, agarraba fuerte la mano de Claudia y le susurraba los sketches que estábamos preparando para el Día de la Primavera. Bellas Artes también era un refugio allí”.
Después de Arana, el periplo de Emilce se completó con el Pozo de Quilmes, la comisaría 3ª de Valentín Alsina y la cárcel de Devoto, donde nunca dejó de esperar que se abrieran las rejas y aparecieran Claudia y María Clara.
Una vez liberada, sus captores le prohibieron volver a la ciudad de La Plata. Se mudó a Mar del Plata, donde terminó sus estudios de grado y posgrado. “No ser egresada de la UNLP era una cuenta pendiente”, dijo.
La universidad, una vez más, fue el lugar de la reparación. Y los lápices demostraron que siguen escribiendo.





