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LA CARTA INÉDITA DE PERÓN

A 74 años de la muerte de Eva Duarte de Perón, publicamos un documento de El Observador.

 

A 74 años de la muerte de Evita: la carta inédita de Perón que revela su dolor, intimidad y furia al recuperar su cuerpo

El documento al que accedió El Observador, fechado en Madrid en septiembre de 1971, expone las emociones del ex Presidente tras reencontrarse con el cuerpo de su esposa y aporta nuevos elementos sobre una de las historias más dramáticas del peronismo.

26 de julio 2026 – 8:00hs

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Perón le escribió una carta a Evita revelando su dolor.

Por  Alejandra Lazo

Jefa de Redacción de la Revista Quórum

Hay documentos que aportan datos a la historia y otros que permiten asomarse a un lugar mucho más difícil de alcanzar: la intimidad de sus protagonistas. Este 26 de julio, al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de María Eva Duarte de Perón, fallecida a los 33 años a causa de un cáncer, sale a la luz uno de esos archivos excepcionales.

Se trata de una carta mecanografiada y privada a la que tuvo acceso El Observador, fechada en Madrid el 13 de septiembre de 1971. No es un discurso político ni un mensaje para la posteridad, sino una conversación familiar en la que Juan Domingo Perón relata, con crudeza, lo que sintió pocos días después de reencontrarse con el cuerpo profanado de su esposa, poniendo fin a un calvario de casi dos décadas.

La odisea del cuerpo de Evita

Para comprender la dimensión de esta carta es necesario recordar el recorrido que sufrió el cuerpo de Eva Perón tras el golpe de Estado de 1955.

Después de ser embalsamada por el anatomista español Pedro Ara, Evita permaneció en la sede de la CGT hasta que la autodenominada Revolución Libertadora secuestró sus restos. Tras un largo derrotero, los militares resolvieron sacarla del país y en 1957 fue enterrada clandestinamente en un cementerio de Milán, bajo el nombre falso de María Maggi de Magistris.

Recién en 1971, durante la dictadura de Alejandro Lanusse y en el marco de una negociación política con Perón, se concretó el denominado «Operativo Devolución».

El historiador Pablo Vázquez reconstruye en diálogo con El Observador la secuencia que enmarca la redacción de esta carta, mientras la tiene en sus manos: “En las negociaciones con Perón, a través de Rojas Silveira, embajador argentino durante la dictadura de Lanusse, pactan la devolución del cuerpo. Lo exhuman el primero de septiembre, lo trasladan por tierra y el 3 llega a Puerta de Hierro, en Madrid”.

Impactado por el reencuentro, Perón comenzó a escribir a personas de su círculo más cercano. “Hace diversas cartas. A determinadas personas que habían estado en contacto con él les cuenta lo sucedido, especialmente a quienes habían conocido a Evita”, explica Vázquez, quien se desempeña como Secretario del Instituto Nacional de Investigaciones Históricas Juan Manuel de Rosas.

La destinataria: una de las pocas personas que escapaban al protocolo

Esta misiva en particular está dirigida a Raquel Perón y, además de su valor histórico, permitió despejar una antigua confusión genealógica: María Raquel Perón Moltedo y Raquel Perón de Peñalba Torino eran la misma persona, hija de Conrado Eduardo Perón -tío del ex Presidente- y de María Victoria Moltedo.

Los historiadores coinciden en que Perón mantenía una estricta distancia formal incluso con personas cercanas. El tratamiento de “usted” formaba parte de su construcción de autoridad.

Sin embargo, esta carta rompe ese esquema desde la primera línea: “Querida Raquel: Acabo de recibir tu carta del 6 pasado y te agradezco el recuerdo y el saludo que retribuyo con mi mayor afecto”.

El tuteo estaba reservado para un grupo muy reducido de personas.

“Era un hombre de otra época, militar, muy circunspecto. Siempre amable, pero muy formal. En este caso se advierte la familiaridad porque eran parientes”, señala Vázquez.

El dolor del viudo frente a la profanación

En la carta, Perón describe el estado en que encontró el cuerpo de Evita después del largo peregrinaje clandestino y sostiene que los restos habían pasado “las mil y quinientas” deambulando.

Lejos del tono del líder político, escribe desde el dolor personal: “En cuanto a la devolución de los restos de Evita, como tú dices ha sido para nosotros un hecho positivo pero, aunque los gorilas han querido dar ‘un golpe’ con ello, todo se les va a venir abajo cuando el Pueblo pueda ver cómo han dejado el cadáver como producto de la profanación y ensañamiento”.

Luego relata el alivio de haber podido recuperar el cuerpo: “Por un verdadero milagro hemos podido restaurar totalmente el cuerpo embalsamado y cubierto por una capa de parafina que, en último análisis, ha sido lo que ha impedido su destrucción después de estar en la tierra, que pudrió totalmente la madera del cajón y la hojalata interior del mismo”.

La descripción, escrita por el propio Perón, ofrece una dimensión distinta a la de los informes oficiales posteriores: es el testimonio directo de quien esperaba reencontrarse con su compañera después de más de quince años.

“Monstruos” y “cochinos”: la furia contra los militares

A medida que avanza la carta, el tono cambia y la indignación ocupa el centro del relato.

Perón responsabiliza directamente a quienes participaron de la profanación del cadáver: “Uno no puede sino pensar que los marinos y militares que se han prestado para semejantes actos son individuos que no sólo deshonran a su profesión sino también a su Patria”.

Y agrega una de las frases más contundentes conocidas de su correspondencia: “Y todavía creen estos cochinos que yo anhelo vestir el mismo uniforme de los que han sido capaces de semejante bajeza. Se pueden guardar su uniforme deshonrado, su título y su grado que a mí no me interesa. Yo no puedo volver a ser camarada de semejantes monstruos”.

Para Vázquez, esas expresiones no implican un rechazo a la institución militar sino a quienes condujeron las sucesivas dictaduras.

“Él reniega de la dictadura de Lanusse y de todo lo que hicieron con Eva. También de Lonardi, Aramburu, Onganía y Levingston”, explica.

El historiador recuerda además que Perón atribuía a esos sectores varios intentos de asesinarlo durante su exilio.

“Intentaron matarlo en Paraguay. El propio Moori Köenig dirigió un comando. También hubo un atentado organizado desde la embajada argentina durante la época de Aramburu. Incluso le hicieron explotar un automóvil”, sostiene.

Por eso, concluye, “una cosa es criticar el accionar de determinadas conducciones políticas del Ejército y otra muy distinta renegar del Ejército en sí”. De hecho, tras regresar al país, Perón volvió a vestir con orgullo el uniforme azul de teniente general.

El eslabón inesperado en el caso Martha Holgado

El valor de esta carta también alcanza otro episodio de la historia argentina.

Años después, Raquel Perón de Peñalba Torino se convirtió en una de las principales testigos durante la demanda de filiación iniciada por Martha Holgado, quien sostenía ser hija de Perón.

Raquel declaró que, cuando era niña y frecuentaba la Casa Rosada, un edecán presidencial le había susurrado que Martha era “la hija del coronel”. Su testimonio siempre fue cuestionado por tratarse de un relato indirecto.

La aparición de esta carta no demuestra que Holgado fuera hija de Perón ni modifica las conclusiones judiciales del caso.

Sí permite, en cambio, dimensionar el grado de confianza que existía entre ambos.

La mujer que años después declaró sobre los supuestos secretos familiares del ex Presidente era, como demuestra esta correspondencia, una de las muy pocas personas con las que Perón compartía recuerdos íntimos, confesiones personales y sentimientos que nunca trasladó a sus discursos públicos.

A veces los archivos no cambian los hechos, pero sí modifican la manera de comprenderlos. Más de medio siglo después de haber sido escrita en el exilio madrileño, esta carta ofrece una imagen poco habitual de Perón: no la del líder político, sino la del viudo que, en la intimidad familiar, llora y maldice por el destino de Evita.

https://www.elobservador.com.uy/argentina/sociedad/a-74-anos-la-muerte-evita-la-carta-inedita-peron-que-revela-su-dolor-intimidad-y-furia-al-recuperar-su-cuerpo-n6051925