El Cuarto Poder

Noticias de Lobos

https://www.solumedia.com.ar/radios/6498/index.html

https://www.solumedia.com.ar/radios/6498/index.html

Actualidad ECONOMÍA Información General Política SOCIEDAD

ASPIRINA Y PLACEBO

Escribe Pablo Vera, una colaboración para El Cuarto Poder.

Aspirina
Aspirina (AFP -)

Tras el resultado electoral del 26 de octubre, el plan económico de Milei sigue recetando aspirinas para la economía. O quizás ni siquiera llegue al nivel de la aspirina: actúa como un placebo, al brindar un bienestar pasajero, pero sigue esquivando el ataque a la enfermedad estructural de nuestra economía, o aún peor agrava, la dolencia.

La persistencia en la apreciación del tipo de cambio dañando severamente la competitividad, la sistemática reducción del superávit comercial, con el consiguiente déficit de cuenta corriente de la balanza de pagos, son señales inexcusables. La debilidad para conseguir divisas genuinas se va agravando pese a los cantos de sirena de grandes inversiones. El riesgo país sigue clavado en los 600/650 puntos, el doble de lo recomendable para “volver” al mercado de capitales (en criollo, más deuda). El eje central sigue siendo un ancla cambiaria, el llamado “populismo cambiario”, solo sostenible, con nuevos endeudamientos. Esta situación que toma la forma de una burbuja, en la interpretación del economista Claudio Scaletta, va conformando una normalidad tóxica que se resume, según él, en “aguantar a la espera de la lluvia de inversiones”.

Mientras tanto, la mora en créditos personales y tarjetas de crédito crece mes a mes. Llevamos 169.240 empleos menos en el sector privado y 101.051 en el sector público, lo que va conformando un cataclismo laboral.

La pregunta es cuánto puede sostenerse un esquema viciado atado a la aspirina de las expectativas y al placebo de las dichosas inversiones.

Hace aproximadamente 4000 años los sumerios registraron el poder analgésico del sauce. En tablas de piedra se indican distintos medicamentos de origen natural. Los medicamentos derivados de su corteza acompañan a la humanidad y han sido parte de la farmacopea desde aquellos antiguos años.

En 1862 un arqueólogo y comerciante de antigüedades inglés llamado Edwin Smith “adquirió unos rollos de papiro correspondientes al año 1354 AC que constituían un tratado de medicina de la época (actualmente se conserva en Nueva York con el nombre de papiro de Smith). En dicho tratado se establecen principalmente una serie de tratamientos quirúrgicos, que se acompañan con algunos métodos curativos a base de plantas medicinales. Una de ellas la corteza del tyeret o sauce blanco”. Las comillas pertenecen a “La Verdadera Historia de la Aspirina”, de Braña-Del Río-Trives y Salazar, que integra la Academia Nacional de Farmacia de Brasil. El ácido salicílico, sustancia proveniente de la corteza del sauce tiene en Hipócrates (460-370 AC) padre de la medicina, su principal impulsor. Fue en 1763 cuando Edward Stone de la Royal Society de Londres quien realizó los primeros estudios clínicos sobre los efectos del polvo de corteza de sauce.

Posteriormente hacia finales del siglo XIX el médico escocés Thomas MacLagan “estudió los efectos del polvo de sauce en pacientes con reumatismo agudo demostrando que podía aliviar la fiebre”, según comenta Daniel Goldberg, científico principal del Departamento de Química de Boehringer Ingelheim Pharmaceuticals. Este polvo milagroso extraído de los taninos de los Sauces, luego de un larguísimo recorrido histórico, llegó al nivel de una producción a gran escala, transformándose en la famosa aspirina que hoy todos conocemos. Fue en 1899 cuando Bayer registró el nombre comercial, Aspirina. En 1900 ese polvo, se transformó en tabletas y se expandió rápidamente. Desde 1915 se convirtió en el primer medicamento moderno, sintético, de venta libre y consumo masivo. Fue en 1971 cuando se comprendió su funcionamiento como agente antiinflamatorio en el organismo, (conocido como antiinflamatorio no esteroide (AINE). Sus reconocidos beneficios medicinales no pueden soslayar que su uso abusivo puede traer trastornos, como asimismo en casos febriles. Si bien actúa efectivamente, no significa que “cura” la enfermedad o dolencia causante. Ataca sus consecuencias inmediatas pero no las causas u origen de la enfermedad.

Vamos a suponer que el problema central de nuestra economía es la ausencia de inversiones. Por supuesto, no soslayamos su gravitación. Sin embargo, parece vulgar reducir en una variable, la complejidad de la economía argentina. Por lo tanto, resulta central conocer y señalar los “llamados determinantes de la inversión”.

En “Determinantes de la Inversión Extranjera Directa en Latinoamérica (2000 – 2017)”, Castillo y González y Zurita hacen un pormenorizado estudio sobre la inversión extranjera directa y sus distintas teorías. Enfoque ecléctico, cuyos ejes son beneficios de la localización sistema institucional; presencia de economías de escala. Teoría de Vernon, o sea menores costos laborales y de producción. Teoría de Ozawa: utilización de costos de transporte, potenciación de renta y demanda nacional.

Los determinantes son concluyentes: tamaño del mercado; tasa de cambio, es decir como la apreciación de la moneda puede influir en los flujos de inversión, instalación de infraestructura; déficit de la cuenta corriente, existiendo déficit el país no será atractivo para la colocación de capitales y también resalta la integración regional, los acuerdos de cercanía son considerados claves. Investigación y desarrollo como avances tecnológicos.

De la simple enumeración, surge nítidamente que nuestra economía está en los antípodas de los principales determinantes de inversión. Ante esta compleja situación adquiere relevancia, aunque no exclusiva, la inversión pública. Kicillof-Rodríguez en “Determinantes de la Inversión y su Evolución en la Argentina” resaltan que aun con ganancias extraordinarias, y sosteniendo aplicación de inversión en bienes de capital, la inversión puede resultar magra o insuficiente. Señalan: “el otro mensaje que transmiten las experiencias mundiales de crecimiento, es que el impulso de las ganancias está siempre sometido a movimientos cíclicos afectando el nivel de inversión. Frente a las fluctuaciones de la inversión privada, la inversión productiva organizada por el Estado parece ser la única receta que aporta verdadera sustentabilidad”. Los autores sostienen que no debe antagonizarse la inversión privada con la pública. Es más, consideran que esta última complementa la primera, evitando la desinversión en ciertos sectores específicos, que por sus particularidades pueden aletargar el crecimiento económico.

De lo expuesto surgen con nitidez las dificultades estructurales que conllevan un magro desempeño para “cumplir” con los determinantes de la inversión. El fracaso del RIGI, la estrepitosa caída de la inversión como el porcentaje del PBI del 22,4% del tercer trimestre de 2023 al 19,1% del 2025 son el crudo reflejo de lo que Mariano Kestelboim llama “El Colapso de la Inversión”. Inútil comprar paraguas. Nada indica lluvia de inversiones. Son apenas aspirinas para tapar la enfermedad estructural. Milei seguirá administrando placebos. Continuará inflando la burbuja.

Resulta auspicioso que distintos ámbitos de profesionales no solo adviertan sobre la fragilidad de la aspirina mileísta, sino que vayan bocetando un tratamiento serio. Porque, como diría Keynes, en el largo plazo estaremos todos muertos.

 

Publicado en P12