Escribe para El Cuarto Poder, IGNACIO SUÁREZ, Lic. en Turismo – UNLa
Docente Investigador UNLa
Docente UNDAV
Estudiante de Máster en Gobierno Local – UNQ
IG: @ignasuareztur
Ex Director de Turismo de Lobos.
El desafío de gobernar el turismo
Planificar es aproximarse estratégicamente desde una realidad existente a una realidad deseada. ¿Y qué es estratégicamente? Contar con información, analizarla, cruzarla, realizar un diagnóstico y poder establecer las debilidades, las fortalezas, lo que falta, lo que está bien, lo que puede ser cambiado o mejorado. Luego, pensar un plan, para dar respuesta o solución a las necesidades o problemáticas encontradas.
Ahora bien, ¿qué tiene que ver todo esto con el turismo? Simple. Analicemos el destino turístico (elijan el que más les guste), y hagamos una lista de lo “bueno” y lo “malo”, lo que funciona bien y lo que funciona mal. A quiénes afecta, qué consecuencias trae, qué problemáticas genera, qué tensiones despierta.
En cualquier destino podemos encontrar problemáticas comunes al turismo: la estacionalidad (solo funciona en una época del año, generando por ejemplo, empleo informal), el impacto ambiental (la basura que queda cuando el turista se va, entre otros), la falta de servicios de calidad (producto de la inconsistencia de políticas de incentivo, de formación, etc).
Podría seguir enumerando problemas – pero ojo, también hay muchísimos beneficios – principalmente considerando que el turismo es dinamizador de la economía (mueve el comercio, la inversión, etc).
Ahora bien, ¿quién se hace cargo de estas complejidades en un determinado destino turístico, donde además de las problemáticas comunes de la actividad, hay otras propias del territorio? El estado (municipal, provincial y nacional).
Por eso, cuando quienes nos especializamos en analizar la gobernabilidad del turismo, lo primero que pensamos es en cuál es la estructura gubernamental que se organiza en torno a la actividad turística. Una estructura, sea dirección, secretaría o cómo se llame, que primero tome una “radiografía” del sistema turístico (tamaño de la oferta hotelera, analizar qué atractivos turísticos tenemos, qué actividades hay en torno a ellos, oferta gastronómica, servicios, calidad, profesionalización del sector; y podría seguir…).
En todo ese gran sistema, pasan cosas (lo conforman humanos), se generan tensiones, choque de intereses, otras actividades que se ven amenazadas, diferencias políticas, etc. Ahí es donde el estado debe organizar este sector, generar alianzas, dar el espacio de debate, pero por sobre todo de participación: este sistema está formado por subsistemas, ¿qué opinan los empresarios/emprendedores de los alojamientos? ¿qué dicen los gastronómicos? ¿qué visión tienen los profesionales locales, o las instituciones? pero algo que me inquieta y que no veo en muchos destinos: ¿qué dice la población local, la población anfitriona que recibe al turista en la calle, en la vereda, que comparte el espacio público?.
Dejo más preguntas que afirmaciones, o en realidad una certeza: el sistema turístico es complejo, es dinámico, y es político. Definir la identidad turística del destino es fundamental, para pensar estratégicamente en un plan, que beneficie a la comunidad local y a quienes decidieron -valientemente- vivir del turismo.







