EL RADICAL JAURETCHE Y EL “LIBERVIRGUISMO”
EL RADICAL JAURETCHE Y EL “LIBERVIRGUISMO”
Contrariamente a lo que cree mucha gente, Arturo Jauretche (1901-1974) no era de origen “peroncho” sino “radicheta”. Y sin duda como pensador, periodista, escritor y dirigente político fue uno de los más trascendentes del radicalismo Yrigoyenista. Entre sus libros se destacan “Los profetas del odio”, “El medio pelo en la sociedad argentina” y, por supuesto, el tal vez más conocido “Manual de zonceras argentinas”, publicado en 1964 durante la dictadura cívico militar del general Juan C. Onganía. Zonzo (o sonso) es un adjetivo utilizado principalmente en América Latina para describir a una persona tonta, simple, boba o de corto entendimiento.
Desde su militancia en FORJA, su obra se centró en criticar lo que llamaba la “colonización pedagógica”: ideas culturales, económicas e históricas que llevaban a muchos argentinos, a los que definía como “el medio pelo”, a pensar en contra sus propios intereses nacionales.
La vigencia de su pensamiento se renueva muchos años después, cuando vemos cómo, pese al tiempo transcurrido, las zonceras del medio pelo iluminado por las viejas ideas liberales del siglo pasado, se repiten casi como un calco en la supuesta modernidad del ideario del libervirguismo contemporáneo, entendiendo por tal a la virginidad e ingenuidad ideológica, política y cultural de un sector de nuestra sociedad que se auto percibe como “libertaria”, sin haber escuchado hablar jamás de las ideas de la “escuela austríaca” ni saber de qué se trata.
Por razones de espacio, y por ser esta una simple nota periodística, vamos a intentar tan solo resumir el pensamiento de Jauretche y su relación con las antiguas y mesiánicas teorías del actual presidente argentino.
Resaltando la falsa dicotomía entre el Estado y el mercado, Don Arturo destacaba como una de las principales zonceras la idea de que “el Estado es siempre un mal administrador”. En la misma línea de los liberales de hace 100 años, hoy Milei repite para consumo del medio pelo argentino consignas como que “el Estado es una organización criminal” y que “los mercados se regulan solos”, algo que la realidad ya se está ocupando de desmentir, por enésima vez en la historia argentina. En ese contexto y para fomentar la llegada de capitales privados se lanza el RIGI, por el que se aprueban hasta hoy inversiones por unos U$S 25.000 millones, de las cuales, paradójicamente más del 70% (U$S 18.000 millones) corresponden a proyectos de la petrolera YPF administrada por el Estado Nacional, sin la cual el RIGI sería un absoluto fracaso.
Jauretche consideraba que era de zonzos creer que el capital extranjero viene al país para desarrollarnos, y era un férreo defensor de la industria nacional, en contraposición a la apertura comercial indiscriminada propiciada por todos los gobiernos liberales y las sucesivas dictaduras cívico-militares que sistemáticamente impulsaron políticas como la que hoy en día defiende, como si fuera una gran novedad teórica, el presidente Milei.
En el campo cultural el militante radical de FORJA era un férreo defensor de la educación pública, la investigación científica, el arte y la cultura propia del país, en contraposición a la invasión de ideas foráneas que favorecían a la penetración del imperialismo anglosajón. Hoy asistimos sorprendidos a las cataratas de insultos presidenciales para con los artistas y músicos argentinos, al desfinanciamiento de las universidades violando la legislación vigente, y a la destrucción del INTA, el INTI y el cine nacional.
Jauretche denunciaba la fantasía oligárquica del “granero del mundo” y la “Argentina potencia”, cuando en realidad -mientras el mundo se industrializaba- éramos un país con una economía pastoril primaria que exportaba trigo, carne y cueros, con una población de menos de diez millones de habitantes, en su inmensa mayoría analfabetos. Casi un siglo después el libervirguismo festeja entusiasmado el extractivismo primario exportador de petróleo, litio, cobre y oro, aun a costa de los glaciares, en manos de empresas extranjeras con enormes beneficios fiscales, con el único objetivo de garantizar el pago de la deuda con el FMI, y sin ningún impacto relevante en el desarrollo del mercado interno, que es la base económica de cualquier país desarrollado. De hecho, nos proponen en forma explícita volver al modelo de país de 1920 bajo el falso mito del granero del mundo.
También denunciaba el desprecio de los porteños al interior, bajo la zoncera de que las provincias vivían a costa del puerto. El país había sido diseñado por el imperio británico, ferrocarriles mediante, para extraer las riquezas del interior hacia el puerto de Buenos Aires, generando la megalópolis deformada que aún hoy es la causa de muchos de los problemas argentinos. En un paralelo histórico renovado, el desprecio del libervirguismo ilustrado por las provincias y sus gobernadores, impulsa los permanentes ataques de ira verbal presidenciales, el manejo arbitrario de los recursos coparticipables del país y la extorsión permanente a los gobiernos provinciales. A tal punto que el impuesto a los combustibles que paga un santiagueño cuando llena el tanque, y cuyo destino es invertir en rutas en todo el país, el amo y señor dueño del puerto se lo queda, así de prepo nomas, mientras las rutas se caen a pedazos.
Sobre la zoncera de la “libre competencia”, pariente de “los mercados se regulan solos”, Jauretche resaltaba el proteccionismo anglosajón y europeo, mientras al mismo tiempo colonizaban a los intelectuales de los países periféricos con las ideas liberales del libre mercado. Hoy vemos como Donald Trump, referente ideológico y jefe político de Milei, le impone aranceles al comercio exterior de todo el mundo, mientras nuestro presidente hace de modo extraño (o no tan extraño) todo lo contrario, aunque el resultado práctico y paradójico sea una invasión de productos de “la china comunista”, el quiebre de miles de empresas argentinas y la pérdida de 300.000 puestos de trabajo registrados.
En particular el pensador de origen radical de FORJA denunciaba la falsa y famosa dicotomía liberal entre “civilización y barbarie”. Hoy se repite tantos años después, el intento de inculcar a los argentinos el odio y el desprecio hacia todos los compatriotas “marrones”, sean argentinos o de países limítrofes, bajo la idea rectora de la supuesta superioridad blanca y europea. Racismo a la criolla que, algunas mentes zonzas que profesan el libervirguismo, replican en sus vacaciones en Brasil y terminan en cana por idiotas e ignorantes.
Sin embargo, también podemos encontrar algunas coincidencias parciales. Don Arturo Jauretche era un férreo crítico de lo que llamaba la “colonización pedagógica”, que incluía a intelectuales, diarios y periodistas liberales de su época. En la misma línea crítica, hoy no pasa un día sin que el líder de nuestra república democrática, como si fuera un barrabrava falopeado, insulte gesticulando desaforadamente y a los gritos a todo aquél que opine diferente o denuncie sus desvaríos, bajo la consiga general de “no odiamos lo suficiente a los periodistas”, con arrebatos del tipo “basuras ensobradas”, “ratas inmundas del 95%” o más recientemente el mote de “asesina” para la blonda e inofensiva Devora Plager.
En conclusión, y pese a las décadas que separan ambos momentos históricos, las diferencias entre las zonceras liberales del siglo pasado, ilustradas por el radical Arturo Jauretche, y el libervirguismo libertario contemporáneo, resultan casi imperceptibles. Y no parece haber nada original, novedoso ni moderno bajo el sol de la bandera argentina, teñida hace 30 meses por la importada y ya esclerótica escuela austríaca del Siglo XIX, que no abraza ningún país serio en el siglo XXI.
Sería muy bueno para Lobos que los radicales lobenses recuperen su impronta de partido político democrático, nacional y popular, para colaborar en la recuperación de Lobos tras tantos años de decadencia, y su partido deje de ser el “zonzo” de la película de la última década, al humillante servicio de los negocios privados de la casta municipal atornillada a los sillones de Salgado 40.
ALEJANDRO GE






