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¡ES LA GENTE, “ESTUPIDE”!

¡ES LA GENTE, “ESTUPIDE”!

“Perder no es grave, el problema es la cara de boludo que te queda” (José María Tati Vernet)

 

En 1992 un tal James Carville, el jefe de campaña de Bill Clinton acuñó la frase “ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDO”, que terminó dándole la victoria sobre George Bush. La consigna encapsuló la principal preocupación de la gente en esa etapa de los EEUU. Vale la pena tenerlo en cuenta, ya que hoy por hoy la Argentina es, en la práctica, una neocolonia del imperio del norte en decadencia (ambos, el imperio y la colonia).

La letra “E” viene a colación, porque por un capricho ideológico de un pequeño sector con cierto poder de divulgación en tiempos ya pasados, intentamos imponer de prepo un cambio idiomático con el argumento cierto de que “el lenguaje lo construye la gente”, y la mayoría de la gente se nos cagó de risa, lo que confirmó la teoría inicial de cómo se construye el lenguaje. Es solo un botón de muestra, de la falta de autocrítica del kirchnerismo en temas mucho más trascendentes.

Vamos a empezar por dejar absolutamente claro que, estas líneas, no pretenden iluminar ni orientar a nadie, sino muy por el contrario, profundizar el absoluto estado de confusión de los que pensamos que el desorden es indispensable para la autocrítica, el debate y la evolución de las ideas.

EL ANTIKUKISMO

Lo cierto es que Lula fue encarcelado por un puto departamentito que, en un gesto de apoyo político, le compró en cuotas al cooperativismo brasileño (concretamente al Bancoob, que viene a ser como el Credicoop de acá, pero cinco veces más grande), en el que nunca vivió ni le sirvió para ganar guita, en un clarísimo caso de persecución político judicial, del que al final terminó reivindicado ante la Corte Suprema de Brasil y la opinión pública de su país. Por eso volvió a ser presidente por el voto de la gente.

Pretender construir un paralelismo con la también obvia persecución judicial a Cristina, y su deseo épico de volver a la presidencia, como Lula, es por ahora y como mínimo un infantilismo. Primero, Cristina debería convencer a la gente de su inocencia, como Lula. Algo que aún está muy lejos de suceder. Lo cierto es que Cristina no pudo hasta ahora, convencer a la mayoría de los argentinos de que la evolución de su patrimonio familiar se debió exclusivamente a su habilidad o la de Néstor para hacer negocios brillantes y legales mientras en paralelo gobernaba nuestro país. Pero si nuestros lectores prefieren, podemos hacernos los pelotudos, como con el desvarío lingüístico de la letra “E”.

Muchos peronistas que peinamos canas, y nos sentimos profundamente identificados con la epopeya de Néstor Kirchner, prematuramente desaparecido del escenario político nacional, estamos confundidos. La pregunta que tal vez los pan-peronistas deberíamos hacernos es si entre el tercio de indecisos que suele definir cada cuatro años el futuro de nuestro país, pesa más el anti-peronismo o el anti-kukismo. Ya que, para mucha gente, peronismo y kukismo no son lo mismo, a tal punto que para saber cuántos votos sacó el peronismo en octubre, debemos hacer un análisis pormenorizado de quienes son peronistas y quienes no o lo son más o menos, en toda la geografía nacional, con el peronómetro arriba de la mesa. Cuando en los setenta nos cagábamos a tiros, con el Diputado electo Jorge Taiana en una vereda y López Rega y la Triple A (precursores de los grupos de tareas clandestinos de la dictadura cívico-militar) en la otra, teníamos más claras que ahora las diferencias “ideológicas”.

En Lobos, por ejemplo, mucha gente independiente que está harta del gobierno municipal y lo ve con simpatía a Carriquiry, le facturó solidarizarse con “Cristina chorra”, y a Taiana su pasado “violento” (gente joven y no tanto que creció y vivió en democracia y no entiende demasiado de historia argentina, claro está).

 

 

 

¿FREUD O LACAN?

Vamos a simplificar rápido para salir de este quilombo inútil, porque la mayoría de la gente la está pasando como el culo mientras unos pocos tiran manteca al techo, y a casi nadie le interesan las pelotudeces. Para Freud, el problema de la Argentina sería la madre de Milei y por extensión su hermana. Punto. Para Lacan, en cambio, las explicaciones de la realidad son más inmediatas y presentes.  La carta de Cristina posterior a las elecciones de octubre comienza afirmando que, salvo De la Rúa y Alberto Fernández, todos los presidentes desde 1983 ganaron su primera elección intermedia. Se “olvidó” de su propia derrota de 2009, que fue su primera elección parlamentaria. Haciendo algunos malabares numéricos casi podría decirse que no perdió a nivel nacional. Pero perdió la Pcia. De Buenos Aires con Néstor como primer candidato, perdió el control del Congreso, y fue interpretado claramente como una dura derrota política por todo el país. Típicamente lacaniano. Pero si empezamos sobre bases falsas o interpretaciones forzadas, todo el análisis teórico se cae solo.

En su carta, la presidenta del PJ hace una innumerable cantidad de auto referencias y afirma que “exige a todos nosotros como militantes no tenerle miedo al debate y a la discusión de nuestra ideas”. ¡De acuerdo! Todo eso en medio de un ataque innecesario a la gestión del gobernador bonaerense, después de ¿festejar? bailando en el balcón, la derrota del peronismo en nuestra provincia.

Si queremos poner en práctica el siempre desagradable pero necesario ejercicio de la autocrítica, antes que nada, debemos considerar que no se trata de una actividad motivacional. La autocrítica es todo lo contrario de la autocomplacencia, por eso duele y cuesta tanto.

 

¿LO QUE MATA ES EL CARGUISMO?

Nunca entendí muy bien porque en Lobos -y en casi todas partes- se matan por un lugar en las listas, en vez de privilegiar la estrategia, cuando el que gana la Intendencia tiene decenas de cargos remunerados para repartir. Lo que está claro es que para algunos la política se convirtió en una oportunidad laboral, en lugar de una vocación de servicio. En defensa del pragmatismo político, la prioridad debería ser entonces respetar la estrategia correcta para ganar el poder municipal.

Para algunos ejemplares de la politiquería doméstica es suficiente contratar fiscales a sueldo, y luego denunciar que te robaron la plata. Ni siquiera vas a explicar de donde salió la guita que te mandaron de tu partido para contratar fiscales con plata sucia, ni el carácter mercenario de los fiscales a sueldo. En Lobos caímos tan bajo como eso, y lo naturalizamos.

Miles de compatriotas en otros tiempos perdieron la vida luchando, entre otras cosas, contra la burocracia sindical. Hoy es como que rogamos a los gordos de la CGT que hagan un parito para frenar un poco la entrega del país.

Los gordos de la CGT ni siquiera representan a la mayoría de los trabajadores registrados, mientras la mayor parte de nuestros compatriotas trabajan en negro o son cuentapropistas. Pero nos oponemos a cualquier reforma de la legislación laboral por ideologismo, supuesta conveniencia “estratégica” o anquilosamiento intelectual.

Hay muchas maneras de bajar los costos laborales para hacer más competitivas a las empresas, y no necesariamente pasan por recortar los derechos de los trabajadores. La primera razón por la que las pymes no contratan gente no son las cargas sociales ni el derecho de huelga, sino por miedo a la escandalosa industria del juicio laboral. La micro pymes y los pequeños comerciantes suelen contratar únicamente a amigos y parientes. Aun así, muchas veces terminan con un quilombo familiar, o teniendo que vender el auto para pagar un juicio.

Sabemos que la industria del juicio laboral es una mafia organizada por abogados sindicales inescrupulosos, jueces y fiscales entongados, testigos falsos profesionales y otros actores que se llenan los bolsillos a costa de los trabajadores, que ahogan a las pymes, pero negocian con las corporaciones, y nos hacemos los pelotudos.

Sabemos que cualquier proyecto que provenga del poder económico será para maximizar las ganancias de las grandes empresas a costa de bajar el precio del trabajo, pero nos negamos a discutir o proponer cualquier proyecto de cambio alternativo al del poder, para que no se enojen los burócratas de la CGT.

Mientras tanto, le decimos defender sus derechos laborales y sindicales a una multitud de gente que nunca los tuvo, ni entiende de qué le hablamos. Desocupados, cuentapropistas, monotributistas, esclavos modernos de las “aplicaciones” que trabajan doce horas sin vacaciones ni aguinaldo para llegar a fin de mes. Parece que no nos enteramos de que Argentina es un país de 48 millones de habitantes, con apenas 9 millones de trabajadores registrados. Es la gente.

En el pan peronismo, y en especial en el kukismo, debatir la necesidad de una reforma laboral para generar propuestas consensuadas que favorezcan a todos es un tabú. Hablar de la importancia del equilibrio fiscal y la salud macroeconómica, o de una reforma impositiva está prohibido. Todo tema que esté en la agenda del “enemigo” atenta contra el carguismo. Sabemos que las primeras víctimas de la inflación y la inestabilidad cambiaria son los sectores de ingresos fijos, pero nos hacemos los pelotudos. Y mientras tanto nos seguimos alejando de la agenda de la gente.

Libervirgos o libertarados, imitar a la derecha en el arte de insultar o descalificar a los que piensan diferente, no parece ser una fórmula exitosa para hacerlos cambiar su manera de pensar.

 

LA TEORIA DEL MIEDO

Cristina involucró en su explicación de la derrota electoral de octubre la teoría del miedo. Según esta teoría, mucha gente votó más ajuste y entrega de la soberanía nacional a manos de la ultraderecha vendepatria, por miedo a que tras el fracaso del experimento libertario podría venir algo peor: volver al pasado.

Y muy probablemente tenga razón. Después de todo no le propusimos a la gente ninguna otra alternativa. Para la ultraderecha es razonable quemar en el intento dos o tres generaciones de polenteros de mierda que cagan en baldes, para ser como Alemania dentro de 40 años.

Y después de todo… el peronismo solo pone palos en la rueda de los cambios, y no propone nada diferente que esté al alcance de la comprensión de la gente. La ultraderecha es revolucionaria y los kukas son el pasado, son el atraso económico y social.

Los kukas se oponen a la “modernización” laboral, porque defienden a los gordos chorros de la CGT. Se oponen a la reforma previsional e impositiva. Defienden a los delincuentes menores de 18 años. A los que van a trabajar los matan en la parada del colectivo para robarles el celular. Pero los kukas anteponen a Freud, el maltrato maternal, la injusticia social y la desigualdad de oportunidades, antes que la vida real y concreta, de mi vecino real y concreto, que iba a laburar y lo cagaron matando. Pero decimos que defendemos a los trabajadores.

Los kukas, como la cara más visible y activa del movimiento nacional y popular, no tienen propuestas que superen a las promesas del experimento de la escuela austriaca, que nadie sabe que carajo es, pero suena revolucionario.  Queremos imponerle a la gente nuestra propia agenda, y entonces la mayoría de la gente optó por ponerle una cruz a la foto del pelado narco para que gane el colorado. Al final, a los “libertarados” no les resultó tan complicado decidir su voto. Estamos logrando que el anti-peronismo sea un sentimiento popular más fuerte que el anticolonialismo, o que el repudio a los narco políticos.

Desde tiempos del imperio romano, cuando los esclavos que iban a morir en la arena saludaban al Cesar, el miedo a que pase algo peor es la herramienta más poderosa para el control social. Y los kukas representamos el miedo. ¿Cómo nos dejamos poner en ese lugar? ¿En serio que somos incapaces de autocriticarnos y pretendemos ser los “revolucionarios”, los buenos de la película?

¿En serio que una camada de egresados de universidades públicas con todo a favor, devenidos en funcionarios públicos con sueldos de 7 cifras y que no conocieron nunca el significado del miedo, pretende ser la “heredera” de una J.P. que dejó miles de muertos resistiendo a una dictadura sangrienta para recuperar la democracia, en verdadera sintonía con la agenda de la mayoría del pueblo argentino? ¿En serio que de la mismas universidades en las que invertimos el 6% del PBI, salieron la mayoría de los cuadros políticos de la ultraderecha? ¿En serio que alcanza la portación de apellido y el control de alguna botonera para ser un líder popular?

Denunciamos y condenamos el “plan platita” en dólares (baratos) que ayudó a Milei a ganar las elecciones de octubre. Pero el plan platita en pesos de Massa no sirvió para ganar, y le dejó a la gente una inflación de tres cifras. Y nos seguimos haciendo los pelotudos.

La metodología de la “unidad” de las cúpulas y el dedo mágico ya no funciona más. Ni a nivel nacional, provincial, ni municipal.

 

 

 

DURAZNOS AL NATURAL

Varias generaciones de argentinos naturalizamos comer duraznos en lata, con conservantes químicos cancerígenos que nos garantizan el carácter “natural” de los duraznos.

Los argentinos naturalizamos que la corrupción esté bien o mal, según de qué bando de la grieta provenga. Naturalizamos que para combatir a la casta le demos poder al clan Menem para que comparta coimas con Karina en nombre la lucha por la libertad, y que la burocracia sindical amase fortunas durante décadas en nombre de los trabajadores sindicalizados, que son una especie en extinción. Naturalizamos que una hija pródiga de la oligarquía pampeana como Patricia Bullrich ande por la vida cambiando de partido en partido durante 40 años, se declare enemiga de la casta después de venderle información al Almirante Masera durante su exilio en España, o a la embajada de EEUU siendo ministra de varios gobiernos diferentes. Naturalizamos que los hijos de Moyano sean dirigentes sindicales por portación de apellido, o que Máximo le ponga palos en la rueda a nuestro gobernador peronista. Naturalizamos que en 2015 estuvimos a punto de convertir en presidente a un imbécil como Scioli, y que luego tuvimos éxito en convertir en presidente a otro imbécil como Alberto Fernández.

Naturalizamos que Macri haya afanado a cuatro manos durante cuatro años, pero que no vaya en cana porque ya era rico y chorro desde antes de ser presidente. O que Milei se mande una jodita de varios palos verdes con una criptomoneda, porque estafó a boludos con plata. “Que se jodan por ser boludos y tener plata”.

Naturalizamos lo que venga de un lado o del otro, en aras de una supuesta ideología que no es tal, sino un cúmulo de prejuicios construidos por la manipulación mediática. Naturalizamos insultarnos unos a otros por las redes sociales desde el anonimato, como marionetas a cuerda, mientras la corporaciones supranacionales dueñas de las redes sociales programan los algoritmos que nos hacen “libres” de leer lo que quieren que leamos.

 

SERA REVOLUCIONARIO O NO SERA NADA

No hay nada más fácil y divertido que escribir pelotudeces desde la comodidad de una laptop. Citar frases como “el peronismo será revolucionario o no será nada”, no tiene precio.

El mileísmo vino a descubrir que el pueblo argentino es, en esencia, revolucionario. Parece que los argentinos siempre queremos romper todo para construir algo nuevo. Y para eso la gente deja atrás al peronismo, que actúa esencialmente como un movimiento “conservador”.

Digamos así, que el asunto es mucho más complejo. Y en definitiva, lo que está en juego es cómo se reparte el Ingreso nacional, o sea la guita. La partecita de la guita total que a cada familia del país le queda en el bolsillo cada mes.

Un modelo conservador es aquel que pretende que todo siga igual. Reformista es cambiar un poco la distribución de la guita mientras el modelo aguante. Revolucionario es querer cambiar el modelo.

La inclusión de las mayorías puede ser política o económica. Esta última es tan simple como el reparto de la guita. La política, en cambio, se refiere a las creencias de la gente. Y no siempre van de la mano. Tal vez sintonizar ambas sea el nuevo gran desafío del peronismo, y de la democracia como sistema de convivencia.

En este conflicto ideológico (las ideas) y material (la guita) chocan dos modelos de Argentina. El peronismo viene ocupando un espacio desde hace 80 años y ahora debe preguntarse cuál es. Esa pregunta no tendrá respuesta válida sin debate, y no hay debate posible sin autocrítica. A diferencia del pasado, la revolución en el siglo XXI no es patrimonio ideológico de izquierdas o derechas. Manipulada o no, freudiana o lacaniana, por izquierda o por derecha, siempre está en el centro la agenda de la gente.

Si el peronismo progresista quiere volver a gobernar el país algún día, no alcanza con apostar al fracaso del adversario, resulta indispensable volver a sintonizar con la sociedad. La razón es muy simple: la sociedad cambia. Una persona puede cambiar de ideas a lo largo de su vida, pero es siempre la misma persona, y sus experiencias emocionales la acompañarán hasta el último día.

Pero la sociedad es una masa biológica y cultural en permanente renovación. La gente nace y muere todo el tiempo, y como sentenció la Legrand “el público se renueva”. La generación que entró al mercado laboral en 2003 y progresó como mínimo hasta el parate del 2011, tiene una experiencia emocional muy diferente a la que desembarcó a la vida adulta en 2015 o más tarde, en pandemia y con Alberto Fernández. Para unos y otros “volver al pasado” tiene significados distintos.

El peronismo no solo debe volver a sintonizar con la sociedad sino también, entre otros actores con “los mercados”, aunque a algunos les dé urticaria. No se puede gobernar y desarrollar ningún país sin orden macroeconómico, sin acceso al crédito internacional y sin estabilidad monetaria. ¿Hace falta recordar que doctrinariamente el peronismo es capitalista? Uno, dos, tres, cantemos otra vez… “peronistas, ni yankis ni marxistas”.

Lobos tiene o tenía una tradición política enraizada en su tradición cultural y cierta escala de valores compartidos.

Para algunos, contratar fiscales mercenarios para una elección ofreciéndoles plata, y luego afanarse la guita, puede ser un acto revolucionario. La situación de malaria y empobrecimiento generalizado abona esa clase de comportamiento que rompe el modelo tradicional de la política lobense.

Para otros, la manifiesta decadencia de Lobos en la última década puede generar otras alternativas inéditas para sacarnos del estancamiento. Quienes vean con más claridad el pensamiento de las mayorías sociales, serán quienes interpreten mejor la salida, y probablemente sea una salida que rompa el molde, los prejuicios, y las viejas vanidades y rivalidades. A veces, para que algunas cosas empiecen a ordenarse de abajo para arriba, es necesario que las cabezas más lúcidas de abajo dejen de obedecer las órdenes de los de arriba.

Como dijimos al principio, solo nos mueve la intención -tal vez maliciosa y políticamente perversa- de fomentar la confusión, para colaborar con la autocrítica y el debate.

Es lo que pidió Cristina. ¡Es la gente, estúpide!

 

ALEJANDRO GE     

Imagen de portada, archivo de la web