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¿ES NEGOCIO SER POLÍTICO EN LOBOS?

Una imperdible nota de nuestro columnista estrella, dejando al desnudo la llegada a la política local.

 

¿ES NEGOCIO SER POLÍTICO EN LOBOS?

 

Los argentinos estamos presenciando un festival de corrupción política sin precedentes. Por supuesto muchos pensaran que no es de ahora y que viene desde 1816, pero el contraste entre el discurso oficial y la realidad tal vez nunca fue tan repugnante o evidente como ahora. Mientras muchos todavía se masturban políticamente cantando “tobillera, tobillera”, nos desfilan por la cara riéndose de todos nosotros   los Adornis de todos los colores, y exclamando “la casta tiene miedo” personajes siniestros que viven del Estado desde hace décadas.

Durante la última y sangrienta dictadura militar, miles de jóvenes militaban en política por sus ideales, no importa si equivocados o no porque eso quedará a juicio de la historia, pero todos los militantes que sacrificaron su vida para recuperar la democracia claramente no lo hacían por guita ni imaginaron esta porquería.

Casi medio siglo después, para muchos la política es apenas el más vil de los negocios, mientras muchos otros pensamos que eso es lo que quieren que creamos los que bastardean la política.  Para los filósofos griegos la política era la actividad suprema y el arte de vivir en sociedad (la polis), enfocada en la búsqueda del bien común y la virtud.

En todo caso mucha gente se hace la pregunta del título. En Lobos vemos que muchos pibes jóvenes están a cuatro manos tratando de armar de apuro agrupaciones de unos pocos amigos, para subirse al tren de la política. Es lógico que eso ocurra en un pueblo que hace una década no ofrece a los jóvenes lobenses la más mínima esperanza de futuro en otro tipo de actividades. El último “negocio fácil” (el tren de moda) ya tiene en Lobos un montón de vagones matándose y robándose entre ellos. Pibes que nunca escucharon hablar en su vida de los economistas que llevan el nombre de todos perros de Milei, pero que se auto perciben como libertarios porque les resulta, aparentemente y solo por hoy, el camino más directo para manotear algún cargo.

Entonces vale preguntarnos: ¿es negocio ser político en Lobos? Y para responder esa pregunta solo hay dos variables de valor: la primera es cuanto gana un político honesto, es decir cuánto les pagamos los ciudadanos de Lobos por ocuparse de la cosa publica (la polis). La otra variable inevitable es cuánto se puede robar en el Municipio de Lobos y cuán fácil e impune puede resultar.

La primer variable es fácil de analizar porque los salarios de los políticos lobenses son información publica que figura en el presupuesto municipal del año en curso. Allí podemos ver el costo salarial anual de todos ellos, cuyos nombres no es necesario agregar porque también son información pública que esta en la web municipal. Si al costo total que pagamos los contribuyentes le restamos el aproximadamente 20% de cargas patronales y los dividimos por trece (doce sueldos y aguinaldo) obtenemos fácilmente el sueldo mensual de cada funcionario que se gana honestamente la plata con el sudor de su frente (¿deslomándose?).

Redondeando, el Intendente y el secretario de seguridad ganan unos 9 millones de pesos por mes, el resto de los secretarios entre 5 y 6 millones, el contador municipal y los directores entre 3 y 5 millones por mes. En total son unos 80 funcionarios jerárquicos con sueldos superiores a 3 millones mensuales.

Salvo el Intendente Jorge Echeverry, ninguno de ellos fue votado por el electorado lobense. Como contrapartida, los concejales, que sí fueron elegidos por la gente, tienen ingresos mensuales que apenas superan el millón y medio de pesos. Ahí tenemos tal vez un primer parámetro para empezar a responder la pregunta del título. Otro parámetro sería que si promediamos a los más de 700 empleados municipales, la inmensa mayoría verdaderos trabajadores y sin rango, no llegan ni a un millón.

¿Vale preguntarse si los funcionarios jerárquicos ganarían esos sueldos en la actividad privada? Sabemos que muchos, tal vez la gran mayoría de ellos, viven del estado municipal desde que asumió el actual intendente, hace más de 10 años. En una ciudad que lleva una década sin creación de empresas ni de fuentes de trabajo genuinas, aparentemente sería muy difícil que 80 funcionarios municipales pudieran conseguir trabajos privados con sueldos de 3 millones o más. ¿Entonces son eficientes, capaces y competitivos como para cobrar esos sueldos del Estado y sostener el discurso político de muchos de ellos, en contra del Estado y a favor de la actividad privada? ¿Hay tal vez alguna cuota de cinismo e hipocresía en su discurso liberal y anti estatista?

A la luz de estos datos parecería ser que, efectivamente, en Lobos la política vernácula es el mejor negocio posible para mucha gente, si tenemos en cuenta que un empleado de comercio gana en promedio menos de un millón de pesos y en negro, si tiene la suerte de conseguir trabajo.

El segundo nivel de análisis es lo que se gana por izquierda si se tiene el poder político y administrativo de negociar contratos, licitaciones o compras directas con el club de proveedores históricos del municipio de Lobos, o con los amigos y parientes del poder político local.

No vamos a perder el tiempo haciendo en esta nota el listado de entuertos, chanchullos y demás hierbas de la última década. Porque como dicen todos los chorizos con el culo sucio, si tenes las pruebas andá y hace la denuncia en la justicia. Es a los contribuyentes lobenses, y no a este escriba en solitario, a los que les debería calentar un poco más que no nos sigan tomando por pelotudos, y responder la pregunta: ¿quieren que la política en Lobos siga siendo un negocio de unos pocos, como en la última década? ¿Urge en Lobos barajar y dar de nuevo para intentar que cambien las cosas?

 

ALEJANDRO GE