MI ALMA GIME A GRITOS, SE ME FUE UN AMIGO DEL ALMA.
Hace instantes, Carlos Jáuregui me dio la peor de las noticias: Alberto Daniel Cucurulo fallecía en Lobos.
«Es la luz de la experiencia
como un canto vertical.
De pie, les quiero contar
el pensar con la conciencia.
No es una ley de la ciencia
el vivir en comunión.
Abrirse de corazón
no es una causa perdida.
Todo se puede en la vida
con la fuerza de la unión.»
Alberto Daniel Cucurulo nació en Lobos, en 1954.
Se definía como extremadamente local.
Su obra trasunta el derrotero de los humildes, llena de éxitos en los cuales le canta al amor, a la vida y a las cosas simples que lo rodearon.
Dueño de una prodigiosa poesía, colmaba de cadencia e imágenes todo aquello que producía.
En su recordado libro MI CAMINO, los lobenses pudieron encontrar gran parte de su producción poética, así como también un homenaje a quienes Daniel consideraba sus baluartes que le indicaron el sendero que habría de transitar a lo largo de su prolífica existencia.
Una tarde me dijo: «Yo que domino la rima y las estrofas, Alfredo, no sé qué ponerle de título a este libro. ¿Le parece que se llame MI CAMINO?» Y así fue, porque según él, su camino estaba marcado desde el primer día de su vida. Su camino era la música, esa que había tomado como modo de vida y que había decidido que sería hasta siempre, hasta el último día.
«Mi último aliento, lo daré con música», me dijo. Hoy fue ese día, nos dejó con la tristeza de no poder escucharlo más.
HASTA LUEGO, DANIEL.






