EN ESTA OPORTUNIDAD SE REALIZÓ EN EL MUSEO PALEONTOLÓGICO, PAMPA FOSIL.
Como marco de este noveno festival de poesía, el encuentro se realizó en el Museo Pampa Fósil, un orgullo y ejemplo de aquellos que viven pensando en su lugar de origen, como protegerlo y como conservarlo.
Así lo expresó su responsable, Alexis Pantuliano, quien narró como fueron los inicios y la prosecución de las tareas. De alquilar una pequeña sala para contener y mostrar loq ue se iba recolectando, hasta el ofrecimiento de crearun gran espacio, en la viejas caballerizas de Navarro hoy, sede de este Museo.
En el inicio se escucharon las palabras de presentación de Ana López, quien agradeció la presencia del cuerpo de asistentes del taller de literatura del Municipio de Navarro.
Allí se escucharon a quienes leyeron distintos trabajos, algunos de la antología anterior editada ya por el Municipio.
También hizo uso de la palabra el Biólogo Nicolás Olalla, quien presentó un trabajo sobre la flora y fauna de la región y especialmente sobre los «bosques de tala «, su nommbre científico, (celtis ehrenbergiana), especies que albergan gran biodiversidad.
Luego de su exposición Olalla, leyó un cuento de su autoría que sorprendió al público asistente.
Pequeño árbol sin sombra
Nicolás Olalla
Caminando por Lobos levanté la vista y descubrí a un
pequeño árbol sin sombra. Sus hojas pálidas y
retorcidas pendían estériles, dejando pasar la ira del sol
que golpeaba mi cuerpo. Fue en ese instante cuando
alzó su suave voz y me contó su historia…
“Cuando era apenas una ramita —dijo— escuché de
árboles parientes y yuyos del campo que la primavera
siempre traería el verde a mis brazos desnudos y que
las aves festejarían mi cambio, renaciendo la
esperanza.
Pero noviembre trajo la siembra y, con ella, llegó el
viento viajero cargado con venenos ocultos en su
equipaje. Así fue como enfermé: mis pequeñas manos
verdes se cerraron sin poder abrazar al sol y el silencio
cubrió nuestras almas.
El viento gritó y rugió que aquellos venenos no eran
suyos, que se había negado a llevarlos y que, por más
que intentó evitarlos, era imposible… iban prendidos a
su amigo, el polvo del campo.
—Y así me arrebataron la sombra, a mí y a mis
hermanos yuyos… —continuó dolido—. Sin embargo,
mis abuelos me contaron que la lluvia sanadora algún
día limpiará con sus lágrimas los errores de las
personas. Entonces el viento viajará sin culpa y,
cuando amanezca, podré abrazar la luz y recuperar mi
sombra”.
Me despedí con la promesa de contar su historia y
conservar en la memoria que, en el campo como en el
pueblo, ellos abrazan al sol para permitirnos la sombra.
Luego siguieron con la lectura de sus poemas Ángela Gómez, Mónica Ramírez, Emilio Lizaso y Diego de Aduriz.
Nos retiramos por otros compromisos contraídos pero, prometimos volver para difundir con una entrevista, esta maravillosa obra que enorgullece a los navarrenses.
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