Algunos salieron con encuestas y recorridas por los barrios más carenciados de Lobos, otros prefirieron las redes desde los lugares más cómodos, otros simplemente prefirieron cortar, pegar y editar.
Lo más llamativo, fue una encuesta, muy peculiar, donde lo obvio es por demás gracioso.
Es que acaso los políticos que recorriendo casas y apuntando necesidades, ¿no conocen la realidad de su pueblo?
Que los políticos pregunten que les hace falta, cual son sus necesidades insatisfechas, en que parte el municipio los tiene abandonados, si tienen veredas, agua, cloacas o tantas cosas que los diferencian del centro, hacen pensar que lo mejor hubiera sido que se tragaran la bombilla del mate.
Van en grupos un rato de un día y, cuando terminan las sesiones de fotos, videos, y otras yerbas, se suben a sus autos y regresan a su rutina de fin de semana.
Mientras tanto, algunas concejalas, haciendo gala de sus sapiencias, con un fondo decorado, climatizado y, con detalles muy renderizados, nos nutre con la comodidad de un pais europeo, mientras algunos de los vecinos que la ven en redes, no pueden salir de sus casa por el barro de las calles, por las ramas que la tapan, por los yuyos de las cunetas que nunca se limpiaron, con cables cortados y postes que casi perdieron la estabilidad, con motos que casi la atropellan por la vereda, con un sinnúmero de artefactos eléctricos que complican el andar por la vereda y, como si esto fuera poco, algunos vecinos que vierten aguas servidas en la calle.
Ni hablar de, la inseguridad, mucho menos de los pozos en la calle, algunos ya recibidos de cráteres. Algún que otro caballo en alguna calle asfaltada y ratas bajo los coquetos decks de confiterías de dudosa bromatología.
Un mercadito que reenvasa fiambre al vacío a la vista del cliente y al lado de un expendio de carne vacuna. Entonces, el común del sufrido lobense, exclama: ¡Empezó la campaña!
y, de aquí en más toda la perorata de políticos desfilando por los medios, prometiendo la ciudad del futuro, mientras el esqueleto de 30 casas, son mudos testigos de la inoperancia de una gestión que, lejos de pensar irse a sus casas a disfrutar de las mieles conseguidas, gracias al bolsillo del sufrido habitante de esta ciudad, piensan seguir haciendo lo mismo que estos largos años han estado haciendo. NADA.





