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https://www.solumedia.com.ar/radios/6498/index.html

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CANCER EN LOBOS: UN DAÑO COLATERAL

 

 

 

“Cuando comencé a atenderme en FUNDALEU por un cáncer linfático, y supieron que vivía en un pueblo rural de Lobos, a cuyo alrededor fumigaban los campos desde avionetas, me dijeron… Otro más, si puede venda y váyase de Lobos”

 

Muchos conocen la historia de los niños banderilleros de las provincias feudales del norte argentino. Los hijos de los peones rurales eran utilizados para marcar, sacudiendo banderas en el límite del campo, el lugar donde la avioneta debía “cortar” para no desperdiciar herbicidas. Dese luego, los niños banderilleros terminaban rociados, y muriendo muy jóvenes con todo tipo de enfermedades. Los que sobrevivían a ese “oficio”, tenían hijos deformes por las alteraciones genéticas que habían padecido. Luego, no hace mucho tiempo, vino la tecnología del GPS y los hijos de los peones se quedaron sin “trabajo”.

En EEUU Bayer y Monsanto ya han pagado miles de millones por demandas judiciales de víctimas del Glifosato y el Roundup. Ni los estudios de abogados más caros de New York pudieron ocultar la relación directa entre el uso de agroquímicos y diferentes tipos de cáncer sufridos por los demandantes. Pero el negocio es tan rentable que tiene margen para seguir matando gente y pagar los juicios. A tal punto que Bayer compró Monsanto y ahora tiene el mayor oligopolio mundial de herbicidas cancerígenos.

El párrafo en negrita que encabeza esta nota corresponde a mi experiencia personal. Una tradicional familia de la oligarquía argentina, propietaria por entonces del campo lindero con el límite de Villa Loguercio, fumigaba alegremente con avionetas. Consciente de las limitaciones de su poder, algo negoció el entonces Intendente Sobrero y desde entonces solo utilizaron “mosquitos” a ras del piso. Siguieron envenenando la Laguna y las napas de las que obtenemos el agua, pero al menos podemos respirar aire un poco más limpio.

Desde hace 11 años Lobos es gobernado por quien fuera dos veces presidente de la Sociedad Rural de Lobos, y como todos sabemos representa los intereses del sector agropecuario. Para no dejar dudas, su gestión comenzó con la obra millonaria de la canalización del Arroyo Las Garzas, un estropicio ecológico realizado con la plata de todos los contribuyentes, en beneficio de un puñado de propietarios de campos socios de la institución. Ni hablar del festival de canales clandestinos y otros temas “menores”.

Días atrás, una reunión de representantes del sector de la salud local encendió las alertas sobre el incesante aumento de casos de cáncer entre la población local, en especial de colon, mama, pulmón, próstata y útero. La concejal Alba Virgilio del Partido Justicialista advirtió: “La combinación de arsénico y agroquímicos es una bomba, no hay cuerpo que lo resista”.

En el año 2023 el HCD de Lobos sancionó la Ordenanza 3154/23 que ordenó al Ejecutivo municipal la creación de un registro de casos de cáncer en nuestro partido, lo que nunca se concretó. De la reunión en cuestión participó el secretario de Desarrollo Comunitario Carlos Jorge (a quien los contribuyentes le pagamos puntualmente un sueldo de siete cifras), responsable del incumplimiento de la mencionada ordenanza, por la que lleva casi tres años sin preocuparse ni ocuparse.

La ordenanza es cuestión sería una de las tantas cajoneadas por el Intendente y sus funcionarios, que dieran lugar a la advertencia del concejal Daniel Zabalo, quien al iniciarse el período legislativo amagó con denunciarlos penalmente por incumplimiento de los deberes de funcionario público.

El arsénico es un fenómeno natural, pero que habiendo sido advertido hace mucho tiempo, dio origen a numerosos reclamos que terminaron en una demanda judicial cuyas consecuencias son ignoradas sistemáticamente por el intendente Jorge Echeverry. Once años de incompetencia y desidia siguen cobrando víctimas entre la población de Lobos.

El tema de los agroquímicos es aún peor, por tratarse no de un fenómeno natural, sino de un accionar deliberado de un pequeño pero poderoso sector social en aras de maximizar sus beneficios económicos.

Ya va siendo tiempo -en rigor mucho tiempo- de que Lobos tome en sus manos la salud de su gente. Es cierto que las alternativas al uso de agroquímicos cancerígenos para mejorar la producción agrícola es un tema económica y técnicamente complejo. Pero nadie tiene dudas de que morirse de cáncer “sin comerla ni beberla” resulta bastante más complicado.

Para una pequeña minoría de nuestra sociedad, propietaria de campos agrícolas, enfermar y eventualmente asesinar a sus vecinos puede resultar apenas un “daño colateral” de su proceso productivo, fundamentado tan solo en su ambición económica, o tal vez en muchos casos en su arrogante y supina ignorancia sobre la consecuencias de sus acciones.

Tal vez, para comenzar, podría limitarse su uso en cercanías de las escuelas o de poblados rurales. Tal vez el intendente Echeverry podría ser un poco menos servil a los intereses de la Sociedad Rural y pensar un poco en la salud de los lobenses. Tal vez el HCD debería tomar cartas en el asunto.

 

ALEJANDRO GE