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https://www.solumedia.com.ar/radios/6498/index.html

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EL “DILEMA” DEL 501

Un dilema es una situación difícil en la que se debe elegir entre dos o más opciones mutuamente excluyentes, donde todas las alternativas suelen ser igualmente desfavorables, incómodas o conflictivas.

 

En el año 2015 el exintendente Gustavo Sobrero le dejó a Etcheverry una ciudad en desarrollo, con 10.000 habitantes menos y muchas cuadras más chica que la actual. También dejó un sistema de trasporte público local, que necesitaba agiornarse para la transformación del pueblo en aspirante a ciudad, pero todavía funcionaba. Once años después estamos igual que en 2015.

El sistema capitalista tiene sus reglas. Hace mucho tiempo que los países soberanos de occidente aplican políticas conocidas como “salario indirecto” para fomentar el desarrollo de su economía. La idea es muy simple. Si un comercio del centro de Lobos quiere tener empleados que viven en barrios populares de la periferia, pagándoles un sueldo miserable de 600 o 700 mil pesos, necesita que la ecuación les cierre a todos. Si el trabajador tiene que pagar 100 lucas de luz y gas, 100 lucas de remedios si se enferma y 100 lucas de colectivo para venir a trabajar, no le queda ni plata ni motivación para salir de su casa. Nadie dice que sea justo, pero el sistema funciona así. Los subsidios son el salario indirecto que paga toda la sociedad para que el sistema pueda funcionar, la gente pueda trabajar y vivir, y el pueblo pueda crecer y progresar.

 

Cuando el Estado Nacional les saca impuestos a las grandes empresas, a los autos de lujo o al champagne y reduce los subsidios al trasporte público en el altar del equilibrio fiscal, la situación se complica. Si los precios del gasoil se disparan por una guerra a 12.000 km de distancia, es aún peor. Un trabajador de Empalme o de los barrios más alejados de Lobos, no podría pagar $5.000 un boleto del 501 para llegar al centro. Tampoco podría ir al hospital, ni venir a Salgado pagar los impuestos municipales.

Hace muchos años que en toda la Argentina hay municipios que, a falta de cobertura suficiente del estado nacional o provincial, subsidia su sistema de trasporte público local. Lo hace CABA de la misma forma, salvando las diferencias, que pueblos más chicos que Lobos en Córdoba, Santa Fe, la Patagonia y en toda la Provincia de Buenos Aires. En los últimos dos años esto viene siendo cada vez una regla que una excepción.

La empresa propietaria del colectivo 501, Empalme Lobos S.R.L, es una empresa monopólica por la sencilla razón de que el usuario no tiene otra línea de colectivos para elegir. Además, está subsidiada por el Estado Nacional y presta un servicio público esencial. Nada de eso es motivo para desatar una guerra de extorsiones y amenazas entre todos los personajes de esta novela, porque todos -los políticos, la familia Rosso y los vecinos- queremos y necesitamos que el sistema continúe funcionando.

 

 

El problema de fondo en Lobos es que, la cofradía que gobierna el Municipio hace once años, recibió el rebusque ocupacional en tiempos de vacas gordas, y todavía no tuvo -ni tendrá- la cintura política necesaria para adaptarse a los nuevos tiempos que corren. A las decenas de funcionarios jerárquicos que viven hace una década a costa de nuestra ciudad y nuestros impuestos, les resulta lógico y natural llevarse a su casa una chata de 50 palos financiada por los vecinos y llenarle el tanque sin pagar, mientras cientos o miles de lobenses tienen que caminar 10 cuadras para tomar el colectivo bajo la lluvia o el sol.

 

Si les importara la gente, solo deberían hacer la cuenta de cuánto le costaría al Municipio extender algunos recorridos del 501 sin que la empresa pierda plata, y mejorarle la calidad de vida a miles de familias lobenses. No es una cuestión de ideología, no es un conflicto de convicciones. Es simplemente que, para solventar un subsidio al sistema público de transporte de Lobos, tendrían que sacrificar algunos de sus privilegios, y tal vez dejar de afanar (dicho en francés “afanar”) con obras, licitaciones y contratos impresentables que en Lobos se están convirtiendo en moneda corriente.

Se nota mucho, demasiado se nota muchachos, que la gente les importa un carajo. Sería fantástico que al Honorable Concejo Deliberante de Lobos se le caiga alguna idea al respecto, y si el Intendente no está de acuerdo, que la vete.

 

 

ALEJANDRO GE