¿LOBOS, VIVE EL CAMPO?
¿LOBOS VIVE DEL CAMPO?
Al igual que en todos los pueblos del interior bonaerense, la historia de Lobos se encuentra fuertemente enraizada con las tradiciones y la cultura rural. Figuras simbólicas como la del gaucho Moreira, museos históricos temáticos y la propia actividad económica de una parte de la población, se originan en la agricultura y la ganadería.
Sin embargo, para muchos, la cultura y la tradición rural ya no encajan con la realidad cotidiana de la gente. El desarrollo de otras fuerzas productivas trae consigo hábitos y prioridades diferentes, generando tensiones culturales, políticas y de intereses concretos entre su población. Tanto la tecnología como las corrientes migratorias internas aportan mayor complejidad aún, haciendo necesario replantear las relaciones de convivencia entre diferentes grupos sociales y culturales.
Por eso nos pusimos a investigar de qué hablamos realmente, cuando en Lobos hablamos de lo que genéricamente llamamos “el campo”. Y lo primero que debemos tener en cuenta, es que se trata de un universo que contiene en su interior una gran diversidad, desde sociedades comerciales que practican la agricultura en grandes extensiones con tecnología de vanguardia, hasta familias dedicadas a pequeñas explotaciones de todo tipo, desde la apicultura hasta la huerta, pasando por los tambos, la cría de animales en pequeña escala y una diversidad casi infinita de tareas de supervivencia. El campo es la gente que se levanta con el alba, pero también incluye al propietario de tierras que vive en Recoleta, no trabaja y veranea en Europa. Y entre ambos hay una basta escala de hábitos, valores, profesiones vinculadas al agro en general, y realidades económicas muchas veces contrapuestas.
Entonces, vamos a empezar por los números, que nunca mienten. Y para ello vamos a basarnos en el último Censo Agropecuario Nacional elaborado por el INTA, que es el relevamiento más válido con que cuenta nuestro país. Y vamos a redondear las cifras para que resulte más amigable para el lector, ya que estas líneas no tienen pretensiones académicas sino tan solo periodísticas.
En el Partido de Lobos hay unas 100.000 hectáreas productivas, que se dividen por partes más o menos iguales entre agricultura y ganadería. Por fuera de este núcleo central conviven como dijimos antes, una variedad de actividades de menor relevancia económica.
El INTA identificó en nuestro Partido 447 “EAP” (explotaciones agropecuarias) activas, quedando fuera de este análisis los campos abandonados o improductivos. Dentro de la diversidad, por abrumadora mayoría la riqueza generada por el campo se concentra en los cultivos y la producción de carne bovina. En Lobos se aplica, según este relevamiento, la regla del 80/20, según la cual el 20% de las unidades concentra el 80% de la superficie, la producción y la riqueza, y viceversa. Conservemos como dato importante, entonces, que el 80% del campo lobense está en manos de menos de un centenar de sociedades o de familias, muchas de las cuales no viven en Lobos.
A esto agreguemos en la “receta” el factor institucional. La Sociedad Rural de Lobos no publica un padrón exacto de socios de forma abierta, pero históricamente la entidad nuclea a un número que oscila entre los 200 y 300 socios activos, lo que implica una fuerte y variada representatividad sectorial, pero ínfima comparada con una población de 40.000 lobenses.
¿Hasta acá se entiende? Macanudo, entonces pasemos a la parte más divertida que es cuando hablamos de la guita. Siempre con la intención de hacer la información más amigable para el lector, vamos a renunciar a las herramientas y metodologías de microeconomía más minuciosas para concentrarnos en el análisis de los grandes números.
Resulta imposible, por razones obvias, determinar la rentabilidad exacta de cada una de las 447 EAP lobenses, ya que depende de innumerables factores individuales. Pero podemos sacar conclusiones básicas tomando como validos los promedios de rentabilidad estimados a nivel regional.
Debemos tener en cuenta que el peso de la carga impositiva varía mucho entre la gran explotación orientada a la exportación, donde el Estado se lleva un 60% del margen bruto, al pequeño productor artesanal orientado al mercado interno, que paga y/o evade los mismos impuestos básicos que cualquier comerciante minorista. Según las fuentes más confiables de que disponemos, para el año en curso podemos estimar una rentabilidad neta promedio (deducidos los impuestos y los gastos) de U$S 250 por cada hectárea agrícola y U$S 200 por hectárea para la ganadería. Si algún productor local no está de acuerdo con estos números, le recordamos que se trata de promedios regionales y no de su experiencia personal.
Por supuesto que, si el campo es alquilado, un “pedazo groso” se lo lleva el dueño del campo. Pero vamos a suponer, a los efectos de esta nota, que ningún terrateniente lobense vive en Recoleta y que toda la riqueza generada por el campo lobense se derrama en Lobos.
Si tenemos entonces, que 50.000 ha agrícolas dejan U$S 250 anuales y otras 50.000 ha ganaderas rinden U$S 200 libres de polvo y paja, el campo lobense genera U$S 22,5 millones de dólares por año, traducido a moneda local $31.500 millones. –
Como los gobiernos nacional, provincial y municipal ya se llevaron la suya, todo esta guita es para nosotros los lobenses. ¿Y ahora, entonces, cómo nos repartimos la torta?
Si viviéramos en un sistema socialista perfecto y nos repartiéramos los $31.500 millones entre los 40.000 lobenses nos tocarían $65.625 por mes a cada uno, con lo cual nos cagaríamos de hambre. Como no es así, supongamos que las 447 EAP lobenses se la reparten entre ellas y le tocan unos 70 millones anuales a cada una. Cosa que tampoco es cierta porque algunas son de miles de hectáreas y la mayoría (el 80 % de las EAP según el Indec) son unidades productivas de menos de 100 ha.
Ahora supongamos una sociedad capitalista ideal, donde todos los propietarios de campos y productores lobenses viven en Lobos por amor a su pueblo, y gastan toda su guita en Lobos derramándola en los comercios locales, supermercados, electrodomésticos, restaurantes, lo que más te guste, generando trabajo y alimentando a todos los otros sectores de la economía local… de ese fabuloso e imaginario derrame, nos tocarían otra vez $65.625.- por mes a cada uno de nosotros los lobenses. Ergo, bajo un régimen de socialismo perfecto o de capitalismo ideal, si todos los lobenses viviéramos del campo nos cagaríamos de hambre.
Según todos estos datos de la realidad (incontrastables), resulta que menos de cien sociedades y familias lobenses propietarias de los grandes campos, muchos de los cuales ni siquiera viven en Lobos, la juntan con pala, unos pocos cientos de productores medianos y pequeños llegan a fin de mes con ingresos menores al sueldo del intendente, sus secretarios y directores municipales, y unos 250 entusiastas y vocacionales activistas militan en la Sociedad Rural de Lobos sosteniendo y defendiendo al régimen municipal que hunde a Lobos en el atraso desde hace once años.
Desde luego que parte de la riqueza generada por el campo lobense se derrama sobre un puñado de empresas, contratistas y profesionales que les proveen insumos y servicios, y los empleados de todos ellos, pero siguen siendo una pequeña minoría de nuestra sociedad.
Mientras tanto, el resto de los 40.000 lobenses tratamos de sobrevivir a la decadencia impulsando actividades aparentemente “irrelevantes” como la industria, el comercio, el turismo, los servicios y cosas por el estilo. La mayoría amamos al campo, vivimos en las afueras de la Plaza 1810, en calles de tierra, con servicios deficientes, en condiciones similares a la vida rural, y hasta nos levantamos temprano, pero definitivamente, los lobenses no vivimos del campo, y el gobierno municipal encabezado por el ex presidente de la Sociedad Rural, más allá de haber sido votado, no representa los intereses de la mayoría.
A esta altura de la realidad argentina todos sabemos que los pueblos, algunas veces, pueden equivocarse.
ALEJANDRO GE





