Ante lo que no queda dudas es que, en el municipio de Lobos sobra tanta plata, que la gastan en festicholas disfrazadas de reunión de trabajo, total las cuentas de sus abusos, LAS PAGA EL CIUDADNO LOBENSE y, ellos se gastan diciendo, que total, IGUAL LOS VOTAN.
(El cuarto Poder).
Fiel a su estilo, Nuestro columnista estrella, despliega su mágica pluma y nos regala la presente nota:
Yo los conozco, son ocho los monos:
Pocho, Toto, Cholo, Tom,
Moncho, Rodolfo, Otto, Pololo.
Yo pongo los votos sólo por Rodolfo,
Los otros son locos, yo los conozco, no los soporto.
Pero no hablamos del tema de León Gieco, sino de la Municipalidad de Lobos, y en vez de ocho son ochenta y ocho.
Días atrás nuestro jefe comunal publicó en sus redes sociales una encantadora foto de una reunión de su equipo de trabajo en el restaurante del club de golf local, en un paraje rural de la Ruta 205. Como de noche no pasa el colectivo 501, es de suponer que todos los funcionarios allí presentes se movilizaron en sus autos particulares. De ninguna manera podríamos imaginarnos medio centenar de camionetas municipales colmando el estacionamiento del aeródromo, esperando a nuestros servidores públicos para llevarlos a su casa.
Semanas atrás publicamos en este semanario un organigrama de funcionarios jerárquicos de nuestro municipio. La fotografía en cuestión nos llamó la atención por varios motivos. Por ejemplo, que el ex secretario de gobierno Hasper estuviera sentado en la cabecera, cuando su función actual es la de un simple concejal más del H.C.D. Nos hace mucho ruido que al pobre muchacho lo hagan ir a una reunión de trabajo nocturna en el medio del campo en su auto, con lo cara que está la nafta, si apenas cobra un palo y medio por mes.
Por curiosidad, repasamos el listado de más de 700 empleados municipales que mes a mes sostenemos los ciudadanos lobenses con nuestros impuestos. Allí pudimos contabilizar 62 (sesenta y dos) funcionarios jerárquicos cuyos cargos se describen, en la información publica y oficial, como jefes, subdirectores, directores, subdirectores generales, directores generales, subsecretarios, secretarios y uno que figura como intendente. Pero además contabilizamos otros 19 (diecinueve) que figuran como “profesionales” y otro 7 (siete) que se informan como “abogados”, en ambos casos sin ninguna información de cuál es su tarea específica.
En total, entre funcionarios jerárquicos con cargos conocidos, más profesionales y abogados misteriosos, son 88 (ochenta y ocho) los monos.
Como se pudo observar en la foto del aquelarre del club de golf, perdón, la reunión de trabajo, solo participaron apenas poco más de la mitad. Nos preguntamos si hay como cuarenta que no necesitan ser conducidos, no cobran por ir de noche, no van nunca… ¿o no fueron porque el club de golf queda en el medio de la Ruta 205 y no tienen auto ni le fueron asignadas camionetas municipales para uso particular? ¿O simplemente son el relleno de otra clase de ravioles en el organigrama municipal? ¿De qué relleno están rellenos tantos ravioles?
Ochenta y ocho con categoría igual o superior a 28, en una dotación de más de 700, para administrar la cosita pública de un pueblo de 40.000 habitantes. Y acá viene la pregunta del millón: ¿“pelotudo” es un adjetivo o es un sustantivo?
Esto que parece una broma, en realidad describe la manera en que los lobenses naturalizamos hace una década la desnaturalización de las obligaciones de los funcionarios municipales. Se supone que el municipio tiene un lugar propio y natural en Salgado para realizar una reunión de trabajo con sus funcionarios jerárquicos. Se supone que todos los 88 que cobran sueldos jerárquicos categoría 28 o superior, deberían haber estado ahí para recibir instrucciones de trabajo, y por qué no, los lineamientos políticos de la gestión. Se suponen muchas cosas.
Si pelotudo es un adjetivo es un insulto, una ofensa. Pero si pelotudo es un sustantivo, es solo la descripción de un objeto, de algo inerte. De ahí que es muy relevante y pertinente la pregunta acerca de qué clase de pelotudos queremos seguir siendo los lobenses.
Hace mucho Arturo Jauretche le otorgó fuerza y contenido al término “zonzo”, pero fue el rosarino Roberto Fontanarrosa quien, en un congreso de la lengua española, evolucionó las zonceras de Jauretche a la categoría superior de pelotudo.
“No se puede definir la palabra pelotudo -dijo entonces Fontanarrosa- pelotudo no tiene sinónimos y es una expresión que solo puede ser comprendida por los argentinos”.
Suponemos que la maquinita barredora del siglo pasado que trajeron por 123 millones de pesos para barrer 500 cuadras está dejando la ciudad hecha un bombón. Se supone que el puentecito pedorro de la 25 de mayo costó “en serio” 300 palos y que era una obra muy necesaria. Se supone que Galazzi no iba a volver a currar en el municipio. Se supone que la venta de terrenos era para la primera vivienda de los lobenses sin vivienda. Se supone que los funcionarios van a trabajar en su auto, en bici o caminando como cualquier trabajador en relación de dependencia. Se supone que un turnero de mierda no vale 50 millones ni que esté bañado en oro. Se supone que el intendente y sus “profesionales” cuando hacen truchadas pagan las multas de su bolsillo, igual que las camionetas que destrozan de madrugada. Se supone que el municipio cumple las sentencias del Poder Judicial. Se supone que los lobenses no somos 40.000 pelotudos.
La pregunta entonces es si pelotudo es un adjetivo o un sustantivo. ¿Los lobenses tenemos capacidad de ofendernos si nos tratan como pelotudos, o reaccionamos como objetos inertes porque pelotudo es tan solo la descripción de un sustantivo, de una cosa?
ALEJANDRO GE







