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¿Seguro es un problema entre privados?

Escribe Pablo Vera, colaboración para El Cuarto Poder

Editado en P12.

Los hogares argentinos se ven acorralados entre dos monstruos letales. Por un lado, el abismo de la pérdida del poder adquisitivo. Por otro, un remolino devorador de tasas de interés usurarias. Imposibilitados de llegar a fin de mes, millones de argentinos recurren a préstamos de consumo, tarjetas de crédito, fintech y otros mecanismos. Afiladas fauces devoran sus magros ingresos. El nivel de endeudamiento y la morosidad se profundizan, transformándose en una problemática que, de distintas formas, atraviesa a más de veinte millones de argentinos.

Un tema digno de Homero. O de varios Homeros.

En términos históricos, se atribuyen a Homero, poeta que habría vivido alrededor del año 900 antes de Cristo en la antigua Grecia, dos poemas fundamentales de la Antigüedad: “La Ilíada” y “La Odisea”. Según los estudiosos Edison Veiga y Danie Justi, Homero pudo haber sido la personificación de un colectivo de poetas y autores que recopilaron tradiciones orales y las plasmaron por escrito.

El debate sobre “Homero” u “Homeros” lleva largos años de apasionadas discusiones. Mientras el debate sigue, la propuesta es corrernos a un costado y meternos un poquito en “La Odisea”.

Relata el largo y dificultoso viaje de Ulises hacia su hogar, Ítaca. Batalla contra Poseidón, el dios del mar, quien arremete con tormentas y vientos incontrolables para frenar los deseos de Ulises. En este fantástico viaje, pletórico de aventuras, incertidumbres y peligros inimaginables, hay una situación en particular que hoy, en el siglo XXI, puede servirnos como analogía de lo que viven millones de familias argentinas, que también tienen, como Ulises, un objetivo menos poético: sencillamente, llegar a fin de mes.

La sencillez no elimina el peligro ni la angustia y la sensación de que la vida es un enorme sombrero que pesa varias toneladas sobre la cabeza familiar. Cada día parece pesar más.

Ulises, en un pasaje de su mítico viaje, se encuentra entre Escila y Caribdis. Escila es un monstruo marino que vive en una cueva inexpugnable sobre un peligroso estrecho. Pasar cerca de sus costas es un peligro enorme. Escila puede atacar en forma inesperada y rapaz, pero Ulises no tiene opción, porque si se aleja de la costa puede verse atrapado en Caribdis, un remolino gigante, despiadado, que, como una fiera oportunista, espera a su víctima.

La decisión trae fatales consecuencias: evitar a Caribdis ocasiona que Ulises pierda seis de sus hombres, devorados por la bestia Escila.

En la Argentina, la bestia es la morosidad convertida en una inmensa bola de nieve.

El documento “Morosidad récord: la culpa es de Milei”, presentado por el ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Carlos Bianco, revela el fenómeno: tomando como fuente los datos del BCRA, los atrasos mayores a noventa días eran del 2,8 por ciento en diciembre de 2023, mientras que en mayo de 2026 saltaron al 12,8.

Evaluando el peso del endeudamiento en virtud de la caída de los ingresos, señala que “los salarios registrados acumulan una caída del 8,7 por ciento desde noviembre de 2023”. Sabiendo que los salarios no registrados siempre sufren retrocesos aún mayores, el salario mínimo, vital y móvil registra una caída del 40 por ciento desde que asumió Milei. Agrega, como dato a evaluar, que los servicios se llevan el 15 por ciento del salario formal promedio, contra el 6 por ciento a fines de 2023.

Similar conclusión arroja el reporte Tarifas y Subsidios del Observatorio de Tarifas y Subsidios (IIEP-CONICET), correspondiente a julio de 2026. El gasto en servicios públicos representa el 15 por ciento del salario promedio en el AMBA. Es de resaltar que este importe es un 53 por ciento superior al de julio de 2025. Este apriete sobre los salarios, constituido en un ancla salarial de central relevancia en la política de Milei, aplasta las expectativas y lleva a millones de argentinos a niveles de endeudamiento récord.

Alejandro Sangiorgio, en “Ajustados, sobreendeudados y morosos”, del 8 de agosto de 2026, tomando datos oficiales de contundencia insoslayable, señala: “En mayo, contemplando el sistema financiero ampliado, la cantidad de deudores ascendió a 20,94 millones de personas, mientras que los deudores morosos totalizaron 5,83 millones. Esto significa que el 28 por ciento de los individuos con deuda tenía algún crédito en situación irregular, con un impago de al menos 90 días”. También afirma: “La cantidad total de deudores registró una suba de 2,44 millones” entre noviembre de 2024 y mayo de 2026.

Particularmente, Sangiorgio pone especial énfasis en que la dinámica del endeudamiento familiar se complejiza. Señala que, según el Informe de Estabilidad Financiera del BCRA del primer semestre de 2026, la carga mensual del pago de deuda de los hogares equivalió al 24,1 por ciento de la masa salarial formal en abril de 2026, cuando en 2024 era del 9 por ciento.

También, como en otros informes, resalta una morosidad heterogénea, especialmente entre los jóvenes y en las prestaciones de menor importe. Con tasas de interés inalcanzables, la morosidad se agravará. El Informe Monetario Mensual del BCRA, de mayo de 2026, señala que la tasa efectiva anual para un préstamo personal alcanzó el 92,4 por ciento. Como señala Sangiorgio, “un nivel que representó casi tres veces la inflación interanual registrada por el INDEC, del 33,2 por ciento”. Al evaluar el costo financiero total de las tarjetas de crédito, podemos hablar de valores de entre el 250 y el 300 por ciento. Y en las billeteras virtuales, de tasas superiores al mil por ciento. El sendero de los deudores es un infausto camino plagado de obstáculos y peligros.

El Gobierno define la situación como “un problema entre privados”. “Nadie les puso una pistola en la cabeza para endeudarse”, afirmó Milei. “Es un tema entre privados, que se hagan cargo de sus decisiones”, sostuvo Caputo.

Evitan, con malicia, decir que el aplastamiento salarial es una de las patas de su “plan económico”, que la desregulación de los servicios también lo es y, finalmente, que la tasa de interés orbitada desde el BCRA superó el ochenta por ciento anual, empujando hacia arriba cualquier proceso de refinanciación.

En estas circunstancias, con tasas usurarias y salarios pisados, es bueno recordar una situación similar que sufrieron los deudores mexicanos durante la crisis económica del Tequila, entre 1994 y 1995.

Esa crisis disparó masivamente las tasas de interés, provocando que millones de mexicanos atravesaran procesos de endeudamiento impagables.

Nacido en Jalisco y luego extendido a todo México, surgió el movimiento El Barzón. Marchas y protestas lograron nacionalizar la problemática y lo consolidaron con el tiempo como un visible interlocutor político.

Una insignia sintetiza su lucha: “Debo, no niego, pago lo justo”. Promovía no el “No pago”, sino la denuncia de la usura en los créditos.

El barzón es el anillo o correa de cuero que une el yugo de los bueyes con el arado. Sin barzón, el campesino no puede labrar la tierra. De allí el nombre del movimiento.

Si se originara un movimiento similar en la Argentina, ¿seguiría diciendo el Gobierno, tan livianamente, que es un problema entre privados?

Y si la rebeldía se extendiera y nadie pagara ni siquiera el mínimo, ¿los bancos se sostendrían sin dificultad?

Los depositantes de cuentas corrientes o cajas de ahorro, ante un impago masivo, ¿no irían corriendo a rescatar sus depósitos?

¿Existen bancos sin depósitos y sin clientes?

Y si esta rebeldía se repitiera en billeteras virtuales y financieras, ¿el problema no se profundizaría hasta niveles difíciles de imaginar?

¿Acaso todos olvidamos el comienzo de la crisis de 2008 en Estados Unidos, que luego se extendió a nivel global?

El recuerdo de 2008 no es desproporcionado. Mejor que sirva de antecedente.

Si todo eso pasara, ¿en serio seguirían pensando que es un problema entre privados?